32 Festival Internacional Jazz Plaza La Habana
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Yanet Valdes

Brenda Besada Rodríguez

La música popular cubana, a través de su historia, contó con grandes voces femeninas que destacaron por sus cualidades técnicas, timbre vocal, y por la capacidad de transmitir emociones y sentimientos mediante el canto. No obstante, en nuestros días son pocas las féminas relevantes como cantantes en el ámbito musical nacional, que destaquen tanto por su voz, como por su trabajo en escena, y que trabajen un repertorio amplio, variado, con calidad y buen gusto.

Es que, definitivamente, la voz humana es uno de los instrumentos musicales más complejos y difíciles de dominar; y si a eso se le adiciona el hecho de comparecer en escena desprovista de nada más salvo el propio ser, la carrera profesional como cantante puede resultar una de las más efímeras, controvertidas y exigentes en el entorno artístico. Asimismo las grabaciones fonográficas son arduas, pues deben recoger (sin la ayuda que presta la visualidad) todas las sensaciones, energías, intenciones… los matices de cada gesto, la profundidad de cada palabra musicalizada.

No obstante, sí existen algunas jóvenes intérpretes vocales que se encuentran destacándose en la actualidad y consagrándose como las más interesantes cantantes cubanas en lo que va de siglo XXI en la Isla. Tal es el caso de Yanet Valdés, una relevante vocalista, que nos regala -tras una larga travesía que ya avizora otros horizontes-, este, su primer álbum como solista, titulado Para que vuelvas.

Dicho fonograma constituye la plasmación de un período específico en la vida y la carrera musical de Yanet, que desde sus inicios ha estado marcada por una continua necesidad de superación, que valida los logros alcanzados por esta joven, así como las diversas aristas de la cancionística en las que ha incursionado.

Quien conoce los caminos interpretativos que Yanet Valdés recorre en la actualidad sobre los escenarios, puede sorprenderse con este fonograma. En el mismo, la cantante recorre una amplísima gama de géneros musicales, se encuentra profundamente influida por la música con raíces afro, lo tradicional cubano, y los modos más académicos, así como muestra un cierto histrionismo, bien marcado, en la interpretación de cada corte del álbum.

Es una realidad que el presente interpretativo de esta vocalista ya se encuentra encaminado a otros horizontes, no obstante, este es un disco para admirar el espectro de sus posibilidades como intérprete, así como diversos modos de hacer y arreglar musicalmente una canción, que escasean en los álbumes de nuestros días.

Para que vuelvas es un fonograma heterogéneo. Las variaciones formales y orquestales predominan, y son el identificador primordial de esta producción, lo cual denota una amplia concepción instrumental, tanto desde la orquestación como desde la armonización. Asimismo, la variedad genérica -que reúne expresiones de la cancionística cubana, pinceladas de lo folklórico y lo académico, y por supuesto, algo de lo más tradicional del ámbito del jazz- es uno de los factores que signan esta producción.

Este es además, un álbum alejado de lo estrictamente jazzístico; colinda los senderos de los reiterados standars solo en cortes como “Lush life”, que sin embargo, se encuentra orquestado con un pensamiento más sinfónico, lo cual le otorga un color diferente. En general, la mayoría de los cortes poseen una larga duración, y se encuentran elaborados con extensas secciones improvisatorias, en las cuales destacan los ejecutantes invitados a la grabación de este fonograma, todos excelentes intérpretes, que son precisamente los que le impregnan el aroma más jazzístico al fonograma.

El álbum cuenta con invitados de lujo. Se reúnen indistintamente a lo largo de eta producción discográfica maestros de la música cubana como Pancho Amat, Ernán López-Nussa, Jorge Luis V. Chicoy, Carlos Emilio Morales y Enrique Plá. También confluyen en las grabaciones otros más jóvenes, pero ya determinantes en nuestra historia de la música popular, como Gastón Joya, Ramsés Rodríguez y Edgar Martínez, el joven director de orquesta José “Pepito” Méndez y el Cuarteto de Cuerdas Amadeo Roldán.

Además, el formato base de estas grabaciones se encuentra conformado por un equipo musical de lujo, que alcanza los más altos niveles técnico-interpretativos, y que proveen al fonograma de excelencia sonora en todo momento. Indudablemente la presencia de nombres como Jorge Luis Pacheco al piano, David Faya en el bajo eléctrico, Aniel Tamayo en el drums y en la percusión menor y misceláneas Edgar Martínez, provee de matices particulares a este álbum, que se caracteriza por una calidad interpretativa excepcional.

La producción musical, así como los arreglos de la mayoría de los temas corrieron a cargo del trompetista y compositor Yasek Manzano, salvo las concepciones de los cortes 5 y 7, que fueron intervenidos por Alejandro Vargas. De estos, Vargas -uno de los pianistas más talentosos de su generación- es además el compositor de la canción “El desolado y el río”, que en lo personal, considero uno de los temas más hermosos y logrados del álbum, por su calidez, sencillez, y por todo lo que alcanza transmitir con un mínimo de recursos: la voz de Yanet y el acompañamiento del propio autor en el teclado.

Otro tema que sobre sale por su factura, por su concepción musical y su impecable plasmación es el que da nombre al álbum “Para que vuelvas”, escrito por Cándido Ruíz, y revitalizado para esta grabación por Yasek Manzano en un arreglo que suma los talentos de la arpista, el cuarteto de cuerdas, secciones de vientos, y la presencia de Yanet.

Abren y cierran el disco sendos rezos afrocubanos anónimos, el primero dedicado a la deidad Oshún y el final a Yemayá, que le impregnan un toque de misticismo cubano, y que quizás sirven como llamado de atención, o como oppening, para una etapa posterior en la carrera de Yanet, en la cual esta talentosa joven incursionó aún más profundamente en el trabajo de las influencias sonoras con raíces afro.

Dignas de mención, son asimismo sus interpretaciones de temas antológicos como “Veinte años”, “Drume negrita” y “Tú no sospechas”, todos provenientes de diversas etapas de la cancionística cubana, asumidos con pasión, y con relevancia técnico-interpretativa.

De modo general, este disco posee muchos valores artísticos, y se encuentra caracterizado por la variedad de géneros, estilos, instrumentaciones y sonoridades. Su protagonista primordial, Yanet Valdés, ofrece un amplio diapasón de posibilidades interpretativas que incluyen desde lo tradicional cubano, hasta lo folklórico, jazzístico y académico, y se desdobla con facilidad asumiendo géneros y temas populares, logrando hacerlos suyos.

Para que vuelvas es, en definitiva, un disco de esos que ya apenas se hacen: con un arduo trabajo musical-instrumental; orquestaciones fluidas pero que transitan sobre complejos caminos armónicos; y una gran diversidad sonora, que si bien puede poner en peligro la unidad del fonograma, también provee al álbum de una amplia paleta de colores y timbres. Pero, sobre todo, es un disco ideal para validar las cualidades vocales y las potencialidades de una cantante de la talla de Yanet Valdés.