32 Festival Internacional Jazz Plaza La Habana
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Brenda Besada Rodríguez

Kervin Barreto es uno de los más talentosos trompetistas de su generación. Ganador del premio JoJazz en sus primeras ediciones, ha realizado una extensa -e intensa- carrera artística, que incluye su paso por agrupaciones de otros géneros musicales y diversos logros fuera del territorio nacional. Aunque su zona individual de creación se centra en el jazz, que piensa, crea e interpreta recorriendo caminos bien interesantes, es conocido popularmente, en la actualidad, como integrante de la agrupación de música urbana Calle 13.

No obstante, el jazz es el género identificador de Kervin Barreto, que además se hace acompañar durante este álbum de otros talentosos instrumentistas cubanos de este estilo sonoro, como David Virelles y Luis Guerra en el piano y Frank Durand y Francisco Mela en el drums, entre otros.

Quien ha tenido la posibilidad de escuchar el trabajo musical que Kervin se encuentra haciendo en la actualidad (junto a Adel González, Miguel Ángel García y parte del conjunto Afrocuba de Matanzas), puede darse cuenta que esta producción discográfica de 2010 es la génesis, o la primera plasmación sonora, de ideas que se han desarrollado y fortalecido en el pensamiento artístico y musical de Barreto. Creo que su título también lo delata: First impulse, primer impulso.

En el disco -realizado en 2010 en Canadá-, de modo general, cobran relevancia las marcadas polirritmias, que se desarrollan teniendo como base la clave cubana, en una compleja y extra-ordinaria demostración de contrapuntos rítmicos, sobre todo, si añadimos a la ecuación los valores de los instrumentos melódicos, que se integran a las polirritmias desde la línea superior de sonoridades.

Las melodías y armonías están conceptualizadas desde el free jazz, y la música concertante contemporánea, visible en los alejadas e intensas relaciones armónicas, los usos de disonancias y clusters… no obstante, y esto lo subrayo como uno de los fundamentales valores del fonograma, el disco no se hace irresistiblemente denso, sino que en él convergen a la perfección, lo bien elaborado musicalmente y lo disfrutable.

Sin embargo, lo que cierra la huella sonora de esta producción, es la latente cubanía, que suma a los aires de free jazz unas pinceladas latin, cuya comunión (lo free con lo latin) creo que es, a grosso modo, el identificador del pensamiento musical de Kervin, que no obstante siempre sorprende en sus interpretaciones, de trompeta y en este caso del flugelhorn, por su marcada calidad técnica, sus recursos interpretativos, y sus ideas musicales, que pueden recorrer los senderos tonales y melódicos más inesperados, y siempre con un buen gusto asegurado.

Un primer impulso fonográfico que denota toda una estética autoral (todos los cortes del fonograma son de la autoría de su protagonista, salvo Continuum que es de David Virelles –otro joven jazzista cubano fuera de liga-), y el primer paso para un trabajo que en definitiva, tiene como eje fundamental la música cubana, la influencia de las más variadas raíces, y todo esto hibridado al jazz, como cimiento fundamental. Y es que desde Cuba y para el mundo, la actualidad del talentoso trompetista camagüeyano Kervin Barreto, nos promete los más diversos y estelares impulsos musicales.